La Ciudad de México tiene hoy la oportunidad de modernizar su marco normativo y responder a las necesidades del turismo actual
OPINIÓN 30/9/2025
Las viviendas turísticas son parte integral del urbanismo contemporáneo de la Ciudad de México. Más que un fenómeno pasajero, constituyen un elemento que redistribuye la actividad económica, diversifica la oferta turística y revitaliza barrios y zonas de turismo no tradicionales sin alterar su vocación habitacional. Reconocerlas como lo que son —usos habitacionales de bajo impacto— es indispensable para construir una ciudad más abierta, resiliente y competitiva.
Este punto de partida responde a una realidad visible: la capital ha cambiado la manera en que recibe al turismo. Donde antes todo se concentraba en corredores específicos, hoy múltiples colonias participan de esa dinámica. Familias y operadores profesionales que generan ingresos de las viviendas turísticas, comercios de barrio que encuentran nuevos clientes y viajeros que buscan experiencias auténticas conforman una red que aporta ingresos y empleo sin necesidad de grandes infraestructuras; es decir, un verdadero turismo comunitario.
Desde la lógica urbana, las viviendas turísticas cumplen una función estratégica. Actúan como un puente entre la vida local y la movilidad global, permiten que la derrama económica llegue a zonas no tradicionales y generan circuitos de consumo que fortalecen a las comunidades. Su huella es ligera: no provocan los niveles de tránsito, ruido o concentración propios de los hoteles; al contrario, revitalizan barrios con un impacto proporcional.
El reto está en la regulación. Hoy la Ley de Establecimientos Mercantiles y el Sistema Electrónico de Avisos y Permisos de Establecimientos Mercantiles no reconocen hasta el momento la especificidad de las estancias turísticas, colocándolas en un limbo jurídico que genera incertidumbre y frena el potencial del sector. La solución no es equipararlas con giros comerciales de alto impacto, sino reconocer su verdadera naturaleza: viviendas habitacionales con uso temporal y de bajo riesgo.
La propia Ley de Turismo ya distingue entre hospedajes tradicionales y viviendas turísticas. Es momento de que los instrumentos de planeación urbana hagan lo mismo. Desde AMVITUR proponemos mecanismos que no solo ordenan la actividad, sino que también aportan soluciones urbanas: por ejemplo, esquemas que permitan alojar a trabajadores en los mismos inmuebles donde colaboran y la profesionalización del sector para garantizar seguridad y calidad.
La Ciudad de México tiene hoy la oportunidad de modernizar su marco normativo y responder a las necesidades del turismo actual. Reconocer la naturaleza habitacional de las viviendas turísticas y clasificarlas conforme a su verdadero impacto es indispensable para generar certeza, promover inversión y fomentar un turismo comunitario.
Nuestra ciudad tiene ante sí una oportunidad: modernizar su marco normativo para reconocer la economía colaborativa y diversidad que demanda el turismo comunitario del siglo XXI. Regular no significa limitar, sino aprovechar de manera responsable lo que ya existe.
En AMVITUR estamos convencidos de que un ecosistema equilibrado, donde hospedaje tradicional y viviendas turísticas convivan bajo reglas claras, fortalecerá la competitividad de la capital y aportará al desarrollo económico y social de todos sus habitantes.
Las viviendas turísticas somos parte de la solución para fortalecer el tejido urbano, diversificar la economía y proyectar a la capital como un destino de clase mundial. Si las integramos con reglas claras y proporcionales a nuestro impacto en la vivienda, serán una de las piezas clave en el diseño de la ciudad que queremos habitar: global, hospitalaria y en constante crecimiento.
Por Sean Cázares Ahearne
Director General de la Asociación Mexicana de Viviendas Turísticas
Publicado en El Heraldo de México

