Si autoridades, legisladores, comunidades y anfitriones trabajamos juntos, construiremos un modelo de turismo ordenado, profesional y sostenible, que genere bienestar tanto para quienes nos visitan como para quienes habitamos aquí

Hace unos días, la Asociación Mexicana de Viviendas Turísticas (AMVITUR) participó en un ejercicio de diálogo fundamental para el futuro de la Ciudad de México: el foro “Diálogo con Anfitriones de Estancias Turísticas Eventuales”. No fue un encuentro para confrontar posiciones, sino para escucharnos, entender nuestras realidades y buscar caminos que permitan regular, de forma justa y efectiva, a un sector que es motor de empleo, desarrollo y hospitalidad.

En ese espacio explicamos algo básico que a menudo se pierde en el debate público: el ecosistema de las estancias turísticas eventuales se compone de cuatro actores principales —el anfitrión, la plataforma de alojamiento, el viajero y el inmueble—, cada uno con un papel específico.

El anfitrión es la persona física o moral que ofrece el servicio de alojamiento, total o parcial, de manera temporal y flexible, a través de plataformas digitales. La plataforma es la herramienta tecnológica que conecta a los anfitriones con los viajeros, pero no los define. Somos nosotros quienes abrimos las puertas, asumimos la responsabilidad y garantizamos calidad y seguridad. Los inmuebles son los espacios donde se brinda el servicio; el 80% de los anfitriones posee un solo inmueble, el 12% dos y solo el 5% tres o más. Es clave no perder de vista esta dimensión.

Como señaló Jorge Guerrero, Director General de Servicios Turísticos de la Ciudad de México, la figura del anfitrión no es nueva: se enlaza con las antiguas “casas de huéspedes” que distinguen a nuestros barrios. Hoy formamos parte de un movimiento global, pero mantenemos la misma esencia: recibir con calidez y atención, proyectando la hospitalidad que caracteriza a la capital.

La falta de precisión en las cifras y definiciones del sector ha propiciado confusiones y mitos. Hay varias verdades que vale la pena contar:

Primeramente, que el 100% del sector de viviendas turísticas está conformado por micro, pequeñas y medianas empresas; ya que todas poseen menos de 250 empleados y más del 90% de las unidades tiene cuatro o menos colaboradores.

La realidad es que la hospitalidad no siempre está ligada a la propiedad. Existen tres figuras: propietarios que ponen su vivienda al servicio del turismo; anfitriones que rentan un inmueble y ofrecen en él alojamiento; y operadores que brindan a terceros un servicio profesional con estándares de calidad. Muchos anfitriones y empresas ni siquiera son dueñas de los inmuebles que gestionan; su labor es proveer un servicio especializado a cambio de una cuota.

El segundo punto es que las viviendas turísticas no son el origen de la gentrificación. La CDMX cuenta con cerca de tres millones de viviendas y el número de viviendas turísticas en la ciudad suman 26,500. Por tanto, el sector representa menos del 1% del parque habitacional. No hay proporción que justifique señalarnos como la causa principal de la escasez o del aumento en precios de la vivienda.

El tercer punto es que el sector de viviendas turísticas es parte del tejido social y económico de nuestros barrios. En 2024 generamos 48,800 empleos directos, 9,000 indirectos y 9,000 inducidos. Estos trabajos se concentraron en limpieza (49%), administración (39%), mantenimiento (5%), cocina (3%), jardinería (2%) y seguridad (2%). La derrama económica en la economía barrial alcanzó 22,000 millones de pesos; el 23% de los ingresos se destinó a nómina.

Por cada peso que un visitante gasta en hospedaje en una estancia turística, se canalizan cerca de cuatro pesos a otros sectores locales: 45% en gastronomía, 16% en transporte, 13% en entretenimiento, 13% en artesanías y compras, 8% en provisiones y 5% en otros servicios. A diferencia del modelo hotelero —donde gran parte del gasto se queda en el establecimiento—, nuestra actividad impulsa directamente a mercados, restaurantes y comercios de barrio.

Por ello, en el foro presentamos propuestas para una regulación que sume, no que excluya: certificación de anfitriones, reglas claras que contemplen la retención de impuestos por parte de las plataformas, participación equitativa en el Fondo Mixto de Promoción Turística, inclusión de representantes de la anfitrionía en colectivos vecinales y la creación de una plataforma digital de hospedaje como patrimonio de la ciudad.

Estas medidas fortalecerán la trazabilidad, la seguridad y la confianza entre todos los actores, particularmente ante las oportunidades que se avecinan con el Mundial de 2026, que será un momento histórico para que la anfitrionía capitalina muestre lo mejor de sí. Preparar espacios, profesionalizar a la industria y ofrecer recomendaciones personalizadas permitirá que los visitantes vivan experiencias memorables y que la ciudad se posicione como referente mundial de hospitalidad.

Como expresó la diputada Xóchitl Bravo durante el foro: “todos vivimos en esta ciudad, todas y todos aportamos y podemos transformarla de manera colectiva”. Si autoridades, legisladores, comunidades y anfitriones trabajamos juntos, construiremos un modelo de turismo ordenado, profesional y sostenible, que genere bienestar tanto para quienes nos visitan como para quienes habitamos aquí.

Por Sean Cázares Ahearne

Director General de la Asociación Mexicana de Viviendas Turísticas

Publicado en El Heraldo de México